Vuelo circular

Tu inquietud me hace pensar en las aves de paso que se estrellan contra los faros en las noches de tormenta. ¿Quién eres? Eres la vida. Te revuelves con impaciencia temiendo el regreso de la oscuridad. Tu pecho se eleva frágil y lentamente como el agua en pleamar. Tus labios transforman cada suspiro en un alivio que se interrumpe abruptamente; dulce, pero también áspero en mi garganta como una manzana verde. Tu rostro sincero es también una máscara sonrojada que existe ahora y sólo ahora: tus ojos pálidos, entrecerrados, dos campos de estrellas refulgentes. Tu cuerpo, tan medido y racional, fue engendrado para abandonarse a los sentidos.

      Gritas de placer.

      Me siento atrapado en tu libertad; siento sobre mí tu mirada cruda y seductora. Aspiro tu aroma de frutos secos, sigo las sombras de tus curvas mientras me aguijonean el espíritu como rígidas lanzas. Percibo tus dedos sedosos cerrándose alrededor de mi perdición. Me has vencido, sin más. Mi piel es tuya, la cubres de pétalos rojos que resbalan por mi costado y caen y se funden en la tierra. Tus manos se relajan y retiras el cuchillo hundido en mi estómago. El puñal que ha desgajado el alma de mi cuerpo consumido e inútil; te la llevarás contigo, lejos, escalando las gotas de lluvia hasta que vuelvas a coronar las nubes.

      Gritas de desahogo.

      Tu figura, irracional y de trazo salvaje, se abandona a la vorágine. Tu rostro es ahora una máscara de sangre; tus ojos la perforan, grises como dos pozos colmados de ceniza. Tus labios agitados liberan vaharadas de aire que me envuelven y oprimen como el abrazo de un huracán. Tu pecho es un arca de acero renegrido que se afana en contener todos tus latidos, demoledores. ¿Quién eres? Eres la muerte. Te revuelves con impaciencia temiendo el regreso de la luz. Tu inquietud me hace pensar en las aves de paso que se estrellan contra los faros en las noches de tormenta.*

*La frase «Tu inquietud me hace pensar en las aves de paso que se estrellan contra los faros en las noches de tormenta» es en realidad el inicio del poema «Dora Markus», escrito en los años treinta por el poeta genovés Eugenio Montale.

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