¡Estreno!

Lo primero, te doy mi cálida bienvenida al blog de El Relativista. Este es el fruto de un trabajo de varios meses, retrasado por X, aplazado por Y. Al fin, puedo abrirlo al público –a ti– y eso, cómo no, me llena de ilusión y de nervios. Ilusión por ser la primera vez que decido compartir mis relatos con el resto del mundo (y me refiero a todo el mundo, en la práctica); nervios por abrir las puertas de un hogar que, hasta el momento, ha sido un espacio interior, solitario.

El Relativista es una de mis fachadas al exterior, un escaparate donde dar a conocer lo que escribo, lo que imagino, pero ante todo lo que soy. Es el resultado de un deseo, de una necesidad, de un «ya iba siendo hora». Por ello quiero agradecer sinceramente a aquellas personas que me han ayudado a llevar a cabo esta labor, a las que confían en este neonato llamado El Relativista y, no menos importante, a las que hoy pueden convertirse en mis lectores, fieles u ocasionales. Espero sinceramente que esto sea de vuestro agrado. Sin nada más que añadir por ahora,

«Endavant!»

El Relativista